un fuerte en el living

me encantabas pero estabas
casado con la calma, solo
querías aventurarte en un
recinto de seguridad o
tenías otros planes.

en esos meses organicé en mi cabeza
varios viajes para hacer con vos, no te conté
quería que fuéramos manejando a fray bentos
y tuviéramos hiroshima babies uruguayos
hechos de papel y celulosa
y más células tuyas que células mías,
para que no fueran tan deformes
y pudieran triunfar en internet
o en el microcentro.

quería ponerte en un yogur con cereales,
en un tostado, en una planilla de excel
me hubiera gustado armar una playlist con vos
especialmente para la ocasión de plantar
resmas de papel en el balcón
de mi dos ambientes.

quería que las viéramos crecer desde la cama
y un día algunas semanas después cosecháramos
origamis y cuadernos para escribir las cosas
que no nos animábamos a decir.

los días de invisibilidad fueron los días televisados
las encuestas, los debates;
creer y reventar y creer más fuerte.
búnkers, vedas, planes,
cambios y escalofríos.
espacio cedido por mí para vos:
sentía el futuro entre las costillas.

tuviste que trabajar un viernes a la noche
yo me emborraché, tomé pepa;
te extrañé pero les escribí a todos
menos a vos
para que no te dieras cuenta
de que no te necesitaba,
sino que me gustabas
y eso es mucho más grave.

ese sábado viniste a mi casa a dormir la siesta
podría haber entrado otra persona entre nosotros,
un río, una frontera, un aeropuerto, un mundo
pero dejaste tu olor en una de las almohadas
y no la usé los días siguientes para que no
se fuera por culpa de mi crema de enjuague.

en tu cuarto, las sábanas rotas y tu inversión
en ropa: semiótica de las cuotas
en tu tarjeta de crédito.

la primera noche construimos un fuerte en tu living
en la calle caminábamos sin darnos la mano;
encontré en mi teléfono unas selfies que te sacaste,
te prohibí incluirme en el encuadre, ahora
me arrepiento de todo lo que no hicimos
y de nada de lo que hicimos.

–tenés las tetas de la sirenita, la panza
de liv tyler en armageddon
–qué bajón que los olores no guarden
temperaturas, porque a la mañana tu piel
tiene un olor tibio, me lo quiero llevar
–podría llenarte el cuerpo de post-its
–nos vemos el jueves, sos un capo

hoy me toqué escuchando una canción
que tuiteaste, nunca me mandaste
una nota de voz.