no vivo más acá pero acá estoy

afuera hay mucho viento
lo escucho y lo veo
puedo ver el viento, sí, en la ciudad
no necesito la copa de un árbol:
hace un tornasol claro en altura,
una estela fugaz y brillante
contra los ladrillos de la torre;
el cable que cruza el pulmón
de lado a lado con una pequeña
curva justo donde estoy yo
baila para arriba y para abajo;
alrededor los edificios
hacen un efecto centrífugo,
encierran el movimiento
y lo foguean, enfría el aire
en un segundo, la luz se pone blanca;
es un laboratorio a cielo abierto.

el reflejo en los cristales
del edificio de enfrente
se distorsiona y se mueven
las formas psicodélicas que
de este lado son ventanas
geométricas, simétricas
comunes y corrientes
de casas de personas
que tal vez como yo
están mirando para no leer
el diario ni ver el noticiero;
concentrarse en el afuera inmediato,
cercano y conocido,
pensar lo más micro posible:
planear una salida para mí
y unos pocos,
una tribu chiquita que entre
en una balsa de emergencia
y no tenga miedo de irse
o tenga demasiado miedo
de quedarse.

hoy en una reunión citaron a
Jiddu Krishnamurti y no sé
si estoy adaptada o no
a esta sociedad que tampoco
sé si es enferma o no,
pero por las dudas me voy.

llega un mensaje de una amiga
me avisa que esto es santa rosa
le digo que ojalá dure
que podamos hablar del clima
para siempre
para no hablar de todo lo demás
para no hablar del dólar
para no hablar de las distancias
y para no decir, por ejemplo,
que en unos días
cuando yo esté almorzando
a cinco horas de acá
mi tribu va a estar durmiendo.