memoria celular

Mientras me daba la espalda para dormir
y una pierna para entrelazar con las mías
(es el doble de mí)
encontré entre sus omóplatos
piel muerta separándose,
cayéndose,
armando formas geológicas irregulares
y pensé
“esta piel que descubro
no la tocó nadie antes,
no la tocó ella:
estos pedacitos que parecen las hojuelas
de plankton que les daba de comer a mis peces
cuando tenía 8 años,
los tuve que compartir
con otras chicas,
pero estas nuevas islas
de piel virgen
de un tono apenas más claro
que el de la superficie que las rodea,
más suave también,
manchas hermanas de la pared blanca 
que está atrás, adonde él mira o miraría
si no tuviera los ojos cerrados,
son solo mías
y de nadie
más.”

No tengo que fanatizarme
de dormir con él 
ni encariñarme demasiado
con la nueva epidermis expuesta,
se va a caer pronto:
se va a la playa en dos días,
con muchísima suerte 
voy a poder despedirme de esta nueva piel
que será vieja
la próxima vez que lo vea.