el apocalipsis me encontró con una bombucha en la mano

aprendí estas palabras desde la última vez que nos vimos
para explicar ideas que se me ocurrieron
cuando estabas en la ducha
privándome de inmediatez y agua caliente.

nuevos miedos aparecieron mientras dormías al lado mío:
miedo a no gustarte, por ejemplo,
como la condensación de todo lo que no puedo controlar.

crecimos y nuestra piel se llenó de arrugas y de manchas,
las relaciones se llenaron de cosas nada románticas:
límites, agendas, prioridades
y otras formas de llamar a la realidad.

23 de diciembre y pienso en lo conveniente
de enamorarse de alguien que toma el mismo colectivo que vos
todas las mañanas.

tal vez la poesía no es más que una búsqueda de safety in numbers;
un truco para olvidarse que bastante es casi nada;
o un juego para estar menos solo en una casa abandonada
donde lo malo viene como una ola,
una mujer sin maquillaje cruzó alem con los ojos en el pavimento
y dejó una estela del perfume que usaba mi abuela
que quedó estacionada para siempre en el lóbulo frontal.
lo bueno es solamente una chispa,
un destello rosa y la promesa de buen karma,
mis amigos riendo en un holograma fugaz.

estalló algo, sí,
pero no creo que haya sido el verano;
no la estábamos pasando tan bien,
no había bombuchas ni perfume a protector solar
ni licuados con espuma haciéndonos cosquillas en los labios.

anoche me acordé que una vez me dijiste
que no te bancás a la gente que no tiene ganas de vivir
y me dio vergüenza por todo el tiempo que estuve triste y abúlica,
los días en los que ingería exclusivamente grisines
y otros panificados sin gluten o galletas de arroz.

perdón por esas semanas en las que no me depilé las cejas,
ni me pasé hisopos,
ni levanté la ropa del piso
ni la persiana
y no pude responder si el día estaba lindo;
perdón por no haber pagado el ABL a tiempo
para ganar la bonificación de enero.

me hubiera gustado estar en rusia o en wisconsin
para haber tenido frío en la cara y atardeceres precoces
que justificaran el nudo en la garganta,
ese vértigo espeso;
para poder haberte dicho “estoy bien,
es el invierno que me pega así”.