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miércoles 27 de febrero de 2019

Las dos cosas

No hay suficiente información sobre memes argentinos. Por ejemplo, no sé si hay datos sobre el origen de la deformación “miterio”. Recién quisiste hablar y hablaste sobre mi futuro laboral y yo estaba demasiado fumada para sostener una conversación de ese tenor. En realidad no es solo eso: cuando te fuiste a bañar me di cuenta de que soy mucho más reservada de lo que parezco. Puedo hablar m u c h o sobre muchos temas de mi vida privada, pero de los que realmente me importan casi no hablo con casi nadie.
Recién vibró mi teléfono, creí que iba a ser la masajista para cancelarme el turno del drenaje linfático –se supone que mejora la celulitis, desde el punto de vista del ser humano que tiene celulitis, no desde el punto de vista de la celulitis que supongo quiere conquistar la totalidad de la superficie corporal. Un poco me hubiera gustado que la notificación fuera de eso y pensé que hace mucho que nadie me cancela, como algo deseable: me gustaría que pase con cierta frecuencia para tener un descanso obligado y sin culpa. Al toque me acordé que ayer nos peleamos porque era la segunda vez que me cancelabas en dos días. Al final la vibración era por un mensaje de mi mamá para decirme que hay tres definiciones de “embotado/a/¿e?” en la RAE. Son las 9.42 am y siento que era la misma hora cuando empecé a escribir esto.
No me levanté del sillón, no revisé tu teléfono, que siempre que lo veo me tienta un nanosegundo la idea de revisarlo porque cuando estás conmigo le das tan poca bola que es sospechoso. También pensé con similar fugacidad en revisar tu computadora vieja porque la tenía al lado y ya desde el vamos los stickers que le pegaste me dan mucha intriga. No lo hice, tampoco y no lo haría. Es un pensamiento Pol-ka y pobre, un cometa. Tanto que al instante me olvidé y me vino a la cabeza eso que me contaste de que la empresa les da las Macbooks y les ofrece a los empleados comprarlas en cuotas que se descuentan del sueldo. Me dio mucha envidia que ese sistema de enroque perfecto no se me haya ocurrido a mí. Es brillante, el mejor ejemplo de win-win. Sobre todo en Argentina. El empleado puede comprar una computadora importada en cuotas en un momento del país en el que el negocio de la financiación quedó prácticamente deforestado y la empresa recupera, al menos la parte que la inflación no se come, la inversión que hizo en un bien en lugar de dejar que se deprecie hasta perder todo su valor económico. No entendí si era una práctica común o algo que se le ocurrió a Robert (¿Rober?), el CTO de Aerolab. Asumí lo primero, pero quizás Robert es un visionario.

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Camino al subte hablamos de condicionamiento y comportamiento porque te estaba contando lo de Alejo y el fuego y la cartuchera y los espejos y el libro sobre –no de– Paul Auster y la cita en su página web. En la esquina de Coronel Díaz y Santa Fe cerraste el tema diciendo que te parece una locura; abriste mucho los ojos y arqueaste las cejas y pusiste la boca bien chiquita para decir locuuuuura y yo te respondí "sí, las dos cosas", porque también me pareció una locura que en la esquina suroeste de Santa Fe y Coronel Díaz, en la puerta de ese café no notable, Tolón, un señor grande grande le estuviera lustrando los zapatos a otro. Más temprano hablamos de nuestros padres y de que, a pesar de tener casi la misma edad, mi papá es un señor y el tuyo es casi viejo. Estos dos casi viejos hablaban y parecían los niños –no nenes, porque son de otra época, ni chicos, porque no son chetos– de las fotos de Henri Cartier-Bresson, se reían con el sol poniéndoles más blancos los dientes y más saturada la piel, que inevitablemente pierde color con el tiempo. Todo lo demás también: elasticidad, turgidity que no sé cómo se dice en castellano, pero nada es tan grave como el color, que se nota sin tocarlo. En las fotos de HCB no hay color pero no hace falta porque tienen todo lo demás. Diría que a veces las sombras son mejores que los colores, pero no quiero sonar pretenciosa ni revelar intentos fallidos de grandilocuencia. Dijiste que parecían sacados de un setting y puestos en otro, te dije que era un collage en la vida real, me dijiste ¡sí!, te dije te quiero, me dijiste yo también te quiero.

Ya en mi casa, en la computadora, entré a la página de Alejo para pegar el link en el texto y ¿podés creer que en el extracto de Paul Auster que citó dice: “(...) en un estilo rimbombante y pretencioso, plagado de citas de filósofos franceses y rebosante de vanidad y autosatisfacción, el autor de la carta elogiaba a “Robert” por las ideas que había desarrollado (...)”?

 

viernes 12 de diciembre de 2018

todos los años fallecen abuelos de amigos. este año: el de mariano, mi primer novio; la de wenceslao, un chico de la plata que conoci hace unos dias en paris; y el mio. no se si es eso o el retorno de saturno o la combinacion porro y ducha pero de repente recuerdo con muchisima nitidez algunas cosas que nos hacian reir en la primaria y que hoy directamente no puedo ni descifrar. tenes miedo de que tu papa mate a un chancho si pestaneas es que si, no tengo miedo de que mi papa mate a un chancho pero sí de que haya explotado telemarketers o de que mi abuelo haya torturado gente, sí, tengo miedo, pero dificilmente tenga que ver eso con el acto reflejo de cerrar los ojos cuando siento la amenaza del inminente golpe en tu aplauso fugaz. tambien habia como un test que hacian los mas avispados (que sabia que la cigueña se llamaba coger), te preguntaban si te gusta mas mimo & co (coger) o coniglio, y si decías coniglio eras una virga (o su equivalente en ese momento en el que el concepto de virginidad todavia no se habia desbloqueado, no llegabamos a la altura minima para subir a ese juego en el parque de diversiones del conocimiento). creo que nuestra generacion jamas le pondria "mimo & có" a una marca poqrue la asociacion es inmediata e inevitable. en nuestras mentes le pusieron "franeleo" a una marca de ropa de niños. se esta pudriendo todo o solo el recuerdo y ni siquiera el cuerpo de mi abuelo (porque god bless la cremación, elf uego es todo tuyo señor, nosotros solo lo descubrimos) porque su muerte solo me lleva a pensar en la mia y en técnicas altamente falibles para evadirla, como pensar en el retorno de saturno y en el repaso obligado de esta primera parte de la mecha de la vela sin olor ni color que parece la existencia hoy, 14 de diciembre y san nada.
no quiero estar online y qué mejor el teléfono me ofrece instalar la actualización del sistema opeartivo. ahora o esta noche? ahora mismo claro que si, es mas si querés que se haga de noche ya mismo, son las 2 de la tarde y todavia tengo que esperar una hora para poder "llamarlo un dia". me fascinan las traducciones al español de los nombres de canciones y discos de los beatles: quiereme, ps te amo, la vi parada allí, boleto para viajar, lo hemos de arreglar.
mi madre neodemihuérfana tiene un pasaje para venir mañana.

este pasillo de mi cabeza suena así.

 

domingo 9 de diciembre de 2018

Se me ocurre que podría casarme con Ponzio y construir algo parecido a la felicidad o a la calma, que siempre las confundo hasta que me acuerdo que lo que más quiero es reírme mucho y ese estado de manía extasiada que viene con el ataque de risa no tiene nada de calma. No sé tampoco si Leo Ponzio es gracioso de alguna forma intencional que pueda activar y desactivar para mi placer o necesidads de serotonina. De todos modos, a priori, me imagino hoy ahí en el Bernabeu alentándolo en la final, pensando dónde ubicarme en su vida los próximos días si ganan o qué decirle y qué plan de distracción masiva inventaré si pierden. Me imagino hiperevolucionada lidiando con las botineras y el fan mail de fotos de culos en su bandeja de entrada de Instagram, o acompañándolo a hacer una presencia en un boliche del segundo cordón si se lesiona y no puede tributar una temporada.

Está bueno el sistema de dividir el partido en ida y vuelta, como pausar una discusión cuando las dos partes ya están jugando por debajo de su nivel y no van a salir soluciones dignas de probar. Esta modalidad mejora aún más en inglés, cada partido se llama "leg". First leg, second leg. Primero una pierna, después la otra. Así se avanza. Así se toman decisiones. No todo junto. Con las piernas juntas saltamos, nos elevamos, pero solo por un segundo, y después volvemos a la realidad del suelo. Moviendo una pierna y después la otra vamos hacia adelante. "Se lee como se vive: para adelante" dijo Juan José Becerra hace casi un año en una presentación en la librería Waldhunter sobre Av. Santa Fe, donde lo embosqué con previo aviso para que firmara un medley de sus notas que collageé para dárselo a mi ex con el objetivo, ahora equivocado, de reconquistarlo. Sobre el concepto de conquista, reconquista y todo lo que sucede en el medio para resignificar la primera e imposibilitar la segunda, no voy a explayarme ahora. Juan José casi seguramente está mirando este mismo partido y tomando notas, como yo, pero con otros fines y otro idioma de relato, tanto futbolístico como personal.

Le sacan tarjeta amarilla a Ponzio, no vi por qué. No creo que para estar con alguien haya que dedicarle atención ilimitada y quizás el día que logre no esperar eso encuentre algo sostenible y hasta adictivo en la soledad parcial, contractual y tácita. Te dejo en paz y me dejás en paz, a veces al mismo tiempo, a veces no. Si en ambos escenarios no hay una tensión inflamable en el aire we are the champions, baby. We have mastered las individualidades compartidas, el mayor desafío de los vínculos sexoafectivos. Me gustaba más cuando le decíamos la Copa Libertadores de América, ya no me cierra tanto lo de conquistar.

 

sábado 8 de diciembre de 2018

De mi abuela aprendí que a los bifes hay que darlos vuelta cuando les sale juguito en el lado de arriba, que siempre hay que tener helado –potes grandes– en el freezer, que hay que comprar regalos de más y no sólo los que resultan inmediatamente necesarios –cosas atemporales y semi genéricas como perfumes clásicos o billeteras– y guardarlos o mejor esconderlos en un mueble del comedor que nadie nunca abre. Aprendí a germinar porotos en frascos con algodón húmedo y luz natural. Aprendí a tener pocas cosas pero buenas, a vivir cerca de las personas que necesitás y te necesitan, aunque no sea el mejor barrio ni la casa más linda. De ella aprendí a tener siempre uno o idealmente dos sofás cama por si algún hijo o nieto viene a dormir, y que las plantas se riegan de noche, es la última tarea del día, porque si no se queman cuando el sol atraviesa las gotas como prismas. Las podría haber regado apenas caía el sol, pero después de verla repetir su ritual nocturno durante años entendí que era su forma de meditar. Aprendí que si querés que los platos queden bien limpios los tenés que lavar vos misma, que hacer las compras es parte de cocinar, que la coca y el huevo hacen mal pero igual los médicos exageran, que la mejor manera de llegar al Alto Palermo es tomar el 68 hasta el C&A de Cabildo y ahí tomar la línea D hasta Bulnes y salir por el pasillo con publicidad iluminada. De mi abuela aprendí que lo más importante es el intercambio cordial, a tratar al cliente como a un aliado incondicional y no fallarle nunca. Aprendí a decir "sabandija" y "sobaquito" y que para viajar solo al exterior alcanza con saber decir I don't speak english sin vergüenza, y que si decís pocas malas palabras cuando las decís marcan el final de una discusión. Aprendí a llevar la dosis elegida de melancolía con altura y nunca como una falla, a despertarme temprano y quedarme en la cama solo el tiempo necesario. De ella aprendí que a los humanos también nos gusta que nos rasquen la espalda y aprendí a hacerlo con la presión y velocidad justas, que la mejor parte de "rompo un huevo, cae la yema, suben las hormiguitas, bajan las hormiguitas, suben los elefantes, bajan los elefantes, arena moveeediiizaaa" es la de las hormiguitas y que una buena bolsa de agua caliente te salva más noches que la loza radiante o cualquier split frío-calor. De mi abuela aprendí el punto cruz o por lo menos aprendí lo que era, gracias a un mantel de su casa que recuerdo con tanta nitidez que podría dibujarlo: era blanco de hilo y tenía flores rojas bordadas en punto cruz, muchas más grandes concentradas en las esquinas y flores más chiquitas desparramadas por el medio. En los últimos años también aprendí de ella que se puede tomar caipirinha al mediodía entre semana si pedís que lo rebajen con agua y que es imposible hacer sambayón sin alcohol. Aprendí a perdonar y a no alimentar el ego desvistiendo santos. Aprendí, sin darme cuenta, que la religión es la que uno hace y que si no trae paz o no nos acerca a los que más queremos, no sirve. De mi abuela aprendí a respetar el pasado sin querer traerlo al presente. 

 

viernes 7 de diciembre de 2018

No sé qué hacer con tu cumpleaños. Quisiera saludarte bien y que sea eso y nada más, pero con nosotros nunca es "y nada más". Quisiera que sea más fácil todo, pero para eso tendría que haber menos pasado entre nosotros y no quiero borrar nada. Sé que algun día nos vamos a encontrar y va a estar todo bien entre vos y yo. Sé que no es el momento para que estemos cerca y no sé si alguna vez lo fue o todavía no o nunca. Pero hay algo de nosotros y los momentos: escribo esto mientras escucho Avril 14th, una canción de Aphex Twin que acabo de descubrir, justo hoy, en tu cumpleaños. Abril es mi mes con vos, el que en cualquier calendario del futuro va a tener tu nombre. Mi playlist (secreta) de canciones que me hacen pensar en vos se llama 2 de abril. En abril te conocí y en abril me separé de vos. Las dos cosas pasaron lejos, estando vos y yo en países diferentes. Siempre fuimos tan literales. Quizás esta canción sea hermosa porque no tiene letra. Es hermosa porque me trajo paz que se convirtió en ganas de escribirte, o de escribir esto, en realidad. Lo escribo en tu chat, pero no sé si dártelo, no sé si es para vos, no sé qué hacer con tu cumpleaños.