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domingo 9 de diciembre de 2018

Se me ocurre que podría casarme con Ponzio y construir algo parecido a la felicidad o a la calma, que siempre las confundo hasta que me acuerdo que lo que más quiero es reírme mucho y ese estado de manía extasiada que viene con el ataque de risa no tiene nada de calma. No sé tampoco si Leo Ponzio es gracioso de alguna forma intencional que pueda activar y desactivar para mi placer o necesidads de serotonina. De todos modos, a priori, me imagino hoy ahí en el Bernabeu alentándolo en la final, pensando dónde ubicarme en su vida los próximos días si ganan o qué decirle y qué plan de distracción masiva inventaré si pierden. Me imagino hiperevolucionada lidiando con las botineras y el fan mail de fotos de culos en su bandeja de entrada de Instagram, o acompañándolo a hacer una presencia en un boliche del segundo cordón si se lesiona y no puede tributar una temporada.

Está bueno el sistema de dividir el partido en ida y vuelta, como pausar una discusión cuando las dos partes ya están jugando por debajo de su nivel y no van a salir soluciones dignas de probar. Esta modalidad mejora aún más en inglés, cada partido se llama "leg". First leg, second leg. Primero una pierna, después la otra. Así se avanza. Así se toman decisiones. No todo junto. Con las piernas juntas saltamos, nos elevamos, pero solo por un segundo, y después volvemos a la realidad del suelo. Moviendo una pierna y después la otra vamos hacia adelante. "Se lee como se vive: para adelante" dijo Juan José Becerra hace casi un año en una presentación en la librería Waldhunter sobre Av. Santa Fe, donde lo embosqué con previo aviso para que firmara un medley de sus notas que collageé para dárselo a mi ex con el objetivo, ahora equivocado, de reconquistarlo. Sobre el concepto de conquista, reconquista y todo lo que sucede en el medio para resignificar la primera e imposibilitar la segunda, no voy a explayarme ahora. Juan José casi seguramente está mirando este mismo partido y tomando notas, como yo, pero con otros fines y otro idioma de relato, tanto futbolístico como personal.

Le sacan tarjeta amarilla a Ponzio, no vi por qué. No creo que para estar con alguien haya que dedicarle atención ilimitada y quizás el día que logre no esperar eso encuentre algo sostenible y hasta adictivo en la soledad parcial, contractual y tácita. Te dejo en paz y me dejás en paz, a veces al mismo tiempo, a veces no. Si en ambos escenarios no hay una tensión inflamable en el aire we are the champions, baby. We have mastered las individualidades compartidas, el mayor desafío de los vínculos sexoafectivos. Me gustaba más cuando le decíamos la Copa Libertadores de América, ya no me cierra tanto lo de conquistar.

 

sábado 8 de diciembre de 2018

De mi abuela aprendí que a los bifes hay que darlos vuelta cuando les sale juguito en el lado de arriba, que siempre hay que tener helado –potes grandes– en el freezer, que hay que comprar regalos de más y no sólo los que resultan inmediatamente necesarios –cosas atemporales y semi genéricas como perfumes clásicos o billeteras– y guardarlos o mejor esconderlos en un mueble del comedor que nadie nunca abre. Aprendí a germinar porotos en frascos con algodón húmedo y luz natural. Aprendí a tener pocas cosas pero buenas, a vivir cerca de las personas que necesitás y te necesitan, aunque no sea el mejor barrio ni la casa más linda. De ella aprendí a tener siempre uno o idealmente dos sofás cama por si algún hijo o nieto viene a dormir, y que las plantas se riegan de noche, es la última tarea del día, porque si no se queman cuando el sol atraviesa las gotas como prismas. Las podría haber regado apenas caía el sol, pero después de verla repetir su ritual nocturno durante años entendí que era su forma de meditar. Aprendí que si querés que los platos queden bien limpios los tenés que lavar vos misma, que hacer las compras es parte de cocinar, que la coca y el huevo hacen mal pero igual los médicos exageran, que la mejor manera de llegar al Alto Palermo es tomar el 68 hasta el C&A de Cabildo y ahí tomar la línea D hasta Bulnes y salir por el pasillo con publicidad iluminada. De mi abuela aprendí que lo más importante es el intercambio cordial, a tratar al cliente como a un aliado incondicional y no fallarle nunca. Aprendí a decir "sabandija" y "sobaquito" y que para viajar solo al exterior alcanza con saber decir I don't speak english sin vergüenza, y que si decís pocas malas palabras cuando las decís marcan el final de una discusión. Aprendí a llevar la dosis elegida de melancolía con altura y nunca como una falla, a despertarme temprano y quedarme en la cama solo el tiempo necesario. De ella aprendí que a los humanos también nos gusta que nos rasquen la espalda y aprendí a hacerlo con la presión y velocidad justas, que la mejor parte de "rompo un huevo, cae la yema, suben las hormiguitas, bajan las hormiguitas, suben los elefantes, bajan los elefantes, arena moveeediiizaaa" es la de las hormiguitas y que una buena bolsa de agua caliente te salva más noches que la loza radiante o cualquier split frío-calor. De mi abuela aprendí el punto cruz o por lo menos aprendí lo que era, gracias a un mantel de su casa que recuerdo con tanta nitidez que podría dibujarlo: era blanco de hilo y tenía flores rojas bordadas en punto cruz, muchas más grandes concentradas en las esquinas y flores más chiquitas desparramadas por el medio. En los últimos años también aprendí de ella que se puede tomar caipirinha al mediodía entre semana si pedís que lo rebajen con agua y que es imposible hacer sambayón sin alcohol. Aprendí a perdonar y a no alimentar el ego desvistiendo santos. Aprendí, sin darme cuenta, que la religión es la que uno hace y que si no trae paz o no nos acerca a los que más queremos, no sirve. De mi abuela aprendí a respetar el pasado sin querer traerlo al presente. 

 

viernes 7 de diciembre de 2018

No sé qué hacer con tu cumpleaños. Quisiera saludarte bien y que sea eso y nada más, pero con nosotros nunca es "y nada más". Quisiera que sea más fácil todo, pero para eso tendría que haber menos pasado entre nosotros y no quiero borrar nada. Sé que algun día nos vamos a encontrar y va a estar todo bien entre vos y yo. Sé que no es el momento para que estemos cerca y no sé si alguna vez lo fue o todavía no o nunca. Pero hay algo de nosotros y los momentos: escribo esto mientras escucho Avril 14th, una canción de Aphex Twin que acabo de descubrir, justo hoy, en tu cumpleaños. Abril es mi mes con vos, el que en cualquier calendario del futuro va a tener tu nombre. Mi playlist (secreta) de canciones que me hacen pensar en vos se llama 2 de abril. En abril te conocí y en abril me separé de vos. Las dos cosas pasaron lejos, estando vos y yo en países diferentes. Siempre fuimos tan literales. Quizás esta canción sea hermosa porque no tiene letra. Es hermosa porque me trajo paz que se convirtió en ganas de escribirte, o de escribir esto, en realidad. Lo escribo en tu chat, pero no sé si dártelo, no sé si es para vos, no sé qué hacer con tu cumpleaños.